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martes, 16 de diciembre de 2008

La mujer musulmana y su propio ser

EN EL NOMBRE DE DIOS CLEMENTE MISERICORDIOSO

El Islam alienta a los musulmanes a destacarse entre la gente y distinguirse por su vestimenta, apariencia y comportamiento, para que sean un buen ejemplo, y dignos portadores del gran mensaje a la humanidad. De acuerdo al Hadîz narrado por el gran Sahâbi Ibn Al Handhaliiah, el Profeta le dijo a sus compañeros cuando estaban viajando para encontrarse con algunos hermanos en la Fe:
"Si vosotros vais a visitar a vuestros hermanos, arreglad vuestras monturas y aseguraos de vestir bien, para que os destaquéis entre la gente como un ornamento, porque Allah no ama lo desagradable".[1]
El Profeta consideraba que tener una apariencia desarreglada y descuidada, y usar ropas y accesorios desaseados era una forma de repulsión detestada y prohibida por el Islam.

El Islam estimula a los musulmanes en general a resaltar entre la gente. La mujer musulmana en particular, es estimulada a distinguirse del resto de la gente en cuanto a su apariencia, porque esto se refleja positivamente en ella, su marido, familia e hijos.
La mujer musulmana no descuida su apariencia, no importa cuán ocupada esté con sus quehaceres domésticos, y sus deberes como madre. Ella se interesa en lucir bien, sin irse a los extremos, porque una buena apariencia es una señal de cuán bien se comprende a sí misma, a su identidad islámica, y su misión en esta vida. La apariencia externa de una mujer no puede estar separada de su naturaleza interna: un exterior pulcro, arreglado y limpio, refleja un carácter interno noble y decente, ambos compilarán el carácter de la verdadera mujer musulmana.

La musulmana inteligente y lista es quien se esfuerza en mantener un equilibrio entre su apariencia externa y su naturaleza interna. Es consciente de que está compuesta de un cuerpo, una mente y un espíritu, y otorga a cada uno la atención que se merece, sin exagerar en un aspecto en detrimento de los otros. Al buscar esforzarse en encontrar el equilibrio justo, ella está siguiendo la prudente guía del Islam que la impulsa a realizar eso.

¿Cómo puede la mujer musulmana lograr el equilibrio entre su cuerpo, mente y espíritu?

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[1] Relatado por Abû Dâûd, 4/83, en Kitâb al libâs, bâb ma yâ'a fi isbâl al izâr; su isnâd es Sahîh.

viernes, 12 de diciembre de 2008

La mujer musulmana y sus amigas y hermanas en el Islam


Ella quiere a sus amigas como hermanas por la causa de Allah

El modo por el cual la fiel musulmana se relaciona con sus amigas y hermanas en el Islam es diferente del modo en que otras mujeres se conducen en sus asuntos sociales. Su relación con sus hermanas está basada en el Ta'âji (hermandad) por la causa de Allah. Este amor por la causa de Allah es el vínculo más encumbrado que puede existir entre un ser humano y otro, sea hombre o mujer. Es un vínculo de fe que Allah estableció entre todos los creyentes. Dice Allah :

[Ciertamente los creyentes son todos hermanos entre sí...] (49:10)

La hermandad de fe es el más vigoroso de los vínculos entre los corazones y las mentes. Por ello no constituye sorpresa alguna ver a hermanas musulmanas gozando de una sólida y perdurable relación basada en el amor por la causa de Allah , que es la forma de amor más noble y pura entre los seres humanos. Éste es un amor no contaminado por ningún interés mundano. Es el amor en el cual los hombres y mujeres musulmanes encuentran la dulzura de la fe:

"Quien logre estas tres cualidades encontrará la dulzura de la fe: amar a Allah y a Su Mensajero más que a cualquier otro ser, amar a una persona sólo por Allah , y aborrecer volver al kufr (incredulidad) después de la guía de Allah tanto como se aborrece ser arrojado al fuego".1

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1 Al Bujâri y Muslim. Ver Sharh As Sunnah, 1/49, Kitâb al îmân, bâb halâuah al îmân.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Asiste a las oraciones del ‘Îd

El Islam honró a la mujer y la igualó al hombre en lo referido a los actos de adoración obligatorios. Las mujeres, por otra parte, son alentadas a asistir a los encuentros públicos el día del ‘Îd Al Fitr y el ‘Îd Al Adha, con el fin de que puedan tomar parte en estas festividades benditas. Esto está manifestado en diferentes Ahâdîz registrados por Al Bujâri y Muslim, en los cuales percibimos que el Profeta ordenó que todas las mujeres deban salir a estas festividades, incluyendo las adolescentes, las niñas que todavía no han alcanzado la pubertad, y las vírgenes, quienes regularmente permanecen en estado de recogimiento; él ordenó inclusive que las mujeres menstruantes salieran para tomar parte de esta ocasión festiva, y que se mantuvieran a distancia del lugar de oración. Su preocupación para que todas las mujeres asistieran a la oración en los dos ‘Îd era tan grande que ordenó a quien tuviera más de un Hiyâb que se lo diera a una hermana que no tuviera ninguno. De esta forma, estimuló tanto la asistencia de todas las mujeres a las oraciones del ‘Îd, como el apoyo y ayuda mutua para realizar acciones buenas y virtuosas.
Umm ‘Atiiah relató:

"El Mensajero de Allah nos ordenó presentar en las oraciones del ‘Îd a las adolescentes, a las niñas que todavía no han alcanzado la pubertad, y a las vírgenes, quienes habitualmente permanecen apartadas. Y ordenó a quienes estuvieren menstruando, mantenerse a distancia del lugar de oración."[1]

"Se nos solía enviar a los dos ‘Îd, incluyendo a las mujeres que estuvieran en estado de recogimiento y fueran vírgenes. Las mujeres menstruantes también salían y permanecían detrás de la gente, uniéndose en la takbîrah."[2]

"El Mensajero de Allah nos pidió sacar a las adolescentes, a las niñas que todavía no han alcanzado la pubertad, a las mujeres menstruantes, y a aquellas que habitualmente permanecen en estado de recogimiento al ‘Îd Al Fitr y al ‘Îd Al Adha, para que puedan compartir las ocasiones festivas de los musulmanes, pero las mujeres menstruantes no se quedaban en el momento de la oración."

Yo dije: '¡Oh, Mensajero de Allah una de nosotras carece de hiyâb!' Y él dijo: 'Dejad que vuestra hermana se vista con uno de vuestros propios hiyâb.'[3]

Al Bujâri registró lo siguiente:


"Muhammad Ibn Sallâm nos comentó que ‘Abd Al Uahhâb relató de Aiiûb, y éste de Hafsah Bint Sîrîn, quien dijo: 'Nosotros solíamos impedir a nuestras niñas que no habían alcanzado la pubertad ir a los dos ‘Îd."

Cierta vez vino una mujer y permaneció en el castillo de Banû Jalaf y narró algo de su hermana. El esposo de su hermana había tomado parte de doce campañas militares junto al Profeta y su propia hermana le había acompañado en seis de éstas. Ella relató lo siguiente: "Solíamos atender a los enfermos y heridos." Su hermana preguntó al Profeta : ¿Hay algo de malo si una de nosotras no tiene el hiyâb y nunca sale por tal razón? A lo que él replicó: "Dejad que vuestras amigas le den uno de sus hiyâb para que ella pueda salir a la luz y reunirse en las asambleas justas de los musulmanes." Hafsah en tanto dijo: "Cuando Umm ‘Atiiah llegó, me presenté ante ella y le pregunté: "¿Escuchaste decir eso al Profeta? A lo que ella contestó: "¡Qué mi padre sea sacrificado por él! Claro que lo hice. Ella nunca lo mencionó sin decir ¡Qué mi padre sea sacrificado por él! Yo escuché decir al Profeta: "Dejad a las jovencitas que habitualmente permanecen en recogimiento y a las mujeres menstruantes salir fuera y asistir a las reuniones justas de los creyentes, pero mantened alejadas a las menstruantes del propio lugar de oración." Hafsah dijo: 'Le pregunté: ¿Aún a las mujeres menstruantes? Ella respondió: "Sí, ¿Acaso las mujeres menstruantes no están presentes en ‘Arafât y en otras ocasiones también?"[4]

Al Bujâri también narra otro relato de Umm ‘Atiiah, en el cual ella dice lo siguiente:

"Se nos solía mandar a salir el día del ‘Îd, y hasta sacábamos a las vírgenes de su recogimiento y a las menstruantes, quienes se situaban detrás de toda la gente, uniéndose en sus takbîrât y ad‘iah, procurando la bendición y pureza de aquel día."[5]
Estos Ahâdîz Sahîhah nos dan una clara señal de la preocupación del Profeta por el beneficio intelectual y espiritual de las creyentes. Ordenó a todas las mujeres a salir y participar de la oración del ‘Îd, incluyendo a quienes estuvieran menstruando; aun cuando las mujeres menstruantes están excusadas de orar, y no se les permite entrar al lugar de oración. Pero su llamamiento estaba dirigido a todas las mujeres, debido a su preocupación por que ellas tomaran parte de estos dos benditos acontecimientos y participaran en las reuniones justas de los creyentes, uniéndose en las takbîrât y las ad‘iah, y siendo parte de la vida pública del Islam, lo cual está tratado en la jutbah (sermón) que sigue a la oración del ‘Îd.
El Profeta estaba interesado en la enseñanza y guía de las mujeres, y quería que jueguen un rol en la construcción de la sociedad musulmana, por eso dedicó parte de su jutbah a las mujeres. Él más tarde, se aproximó al sitio donde las mujeres se reunían y les recordó y exhortó, haciendo de esta acción un deber del Imâm. Esto lo encontramos en un Hadîz recopilado por Al Bujâri y Muslim de Ibn Yuraiy, quien manifestó:
"‘Atâ' me dijo: "Oí a Yâbir Ibn ‘Abdullah decir: 'El Profeta se levantó en ocasión del ‘Îd Al Fitr y dirigió a la gente en la oración. Comenzó la oración antes de la jutbah y luego se dirigió hacia la gente. Cuando el Profeta terminó su jutbah, se acercó a las mujeres y habló con ellas, mientras se apoyaba sobre el brazo de Bilâl, y éste tendía su manto para que las mujeres colocasen su sadaqah en el mismo. "Yo (Ibn Yuraiy)le pregunté a ‘Atâ': '¿Era el Zakâh Al Fitr?' A lo que él respondió: 'No, era la sadaqah que ellas daban en aquella época; una mujer arrojó su anillo dentro del manto de Bilâl, entonces otras siguieron su ejemplo.' Le dije después a ‘Atâ': ¿Es acaso un deber para el Imâm acercarse a las mujeres y dirigirse a ellas al finalizar su jutbah? Él me respondió de la siguiente manera: 'Ciertamente que lo es. Ése es un deber de ellos; y es incorrecto que no lo hagan actualmente."[6]

De acuerdo a este Hadîz, el Profeta exhortaba y recordaba a las creyentes para que aceptaran la sadaqah, que ellas mismas concedían voluntariamente. Otro Hadîz también recopilado por Al Bujâri y Muslim de Ibn ‘Abbâs a través de Ibn Tâûs, añade que el Profeta recordaba también a las mujeres su bai‘ah (juramento de fidelidad) y reconfirmaba su adhesión al mismo. Ibn ‘Abbâs dijo al respecto:


"Yo asistía a las oraciones del ‘Îd junto al Profeta y (después de su muerte) con Abû Bakr, ‘Umar y ‘Uzmân. Todos ellos acostumbraban efectuar la oración antes de la jutbah. El Profeta cierta vez bajó del minbar - y es como si pudiera verlo ahora, indicándoles que se sentasen - luego salió de entre la multitud hasta llegar a las mujeres. Bilâl se encontraba junto a él, y recitó:

[¡Oh, Profeta! Cuando las creyentes se presenten ante ti para prestarte juramento de fidelidad, comprometiéndose a no atribuirle copartícipes a Allah...] (60:12)

Hasta el final de la aleya, luego dijo: '¿Vosotras os adherís a esto?'' Solamente una mujer contestó: 'Sí, ¡Oh, Profeta de Allah?' Y él no conocía hasta ese momento quién era ella[7]. Dijo él: 'Entonces dad la Sadaqah', y Bilâl extendió su manto. Al hacer esto el Profeta dijo: 'Vamos ¡Qué mi padre y mi madre sean sacrificados por vosotras!' De este modo, comenzaron a arrojar sus anillos y joyas en el manto de Bilâl."[8]


No hay duda que el Profeta se dirigía hacia las mujeres en el lugar de oración, el día del ‘Îd, recordándoles acerca de su religión. Y que recibía caridad de ellas reconfirmando su adherencia al juramento de fidelidad, complaciéndoles en recordar las enseñanzas del Islam, y motivándolas a realizar buenas obras. Todo ello se lograba al convocarlas a participar de las oraciones comunitarias en ambos ‘Îd. Esto es un signo de la importancia de la oración comunitaria en la vida del individuo musulmán y en la sociedad islámica.

Aunque el Islam no obliga a las mujeres a asistir a la oración comunitaria en la mezquita, dondequiera que las mujeres se reúnan, se las alienta a ofrecer las oraciones fard en congregación. En este caso, quien lidere la plegaria debe situarse al medio de la primera fila, no enfrente, y no deben pronunciar el adhân o la iqâmah. Esto es lo que Umm Salamah, la esposa del Profeta , acostumbraba hacer cuando dirigía a otras mujeres en oración.[9]
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[1] Idem, 6/178, 179, Kitâb salâh al ‘îdain, bâb ibâhah jurûy an nisâ' fi al ‘îdain ila al musalla.

[2] Idem., 6/179, Kitâb salâh al ‘îdain, bâb ibâhah jurûy an nisâ' fi al ‘îdain ila al musalla.

[3] Idem., 6/180, Kitâb salâh al ‘îdain, bâb ibâhah jurûy an nisâ' fi al ‘îdain ila al musalla.

[4] Fath Al Bâri', 2/469, Kitâb al ‘îdain, bâb idha lam iakun laha yilbâb fi al ‘îd.

[5] Fath Al Bâri', 2/469, Kitâb al ‘îdain, bâb idha lam iakun laha yilbâb fi al ‘îd.

[6] Fath Al Bâri', 2/466, Kitâb al ‘îdain, bâb mau‘idhah al imâm an nisâ' iaum al ‘îd; Sahîh Muslim, 6/174, Kitâb salâh al ‘îdain.

[7] Ibn Hayar mencionó en Fath Al Bâri', 2/468, que ella era Asmâ' Bint Iazîd Ibn As Sakan, conocida como vocera de las mujeres, y una persona muy confiable.

[8] Fath Al Bâri', 2/466, Kitâb al ‘îdain, bâb mau‘idhah al imâm an nisâ' iaum al ‘îd; Sahîh Muslim, 6/171, Kitâb salâh al ‘îdain.

[9] Ver Ibn Al Yauzi, Ahkâm An Nisâ', 186, 204 (Edición de Beirut); Ibn Qudâmah, Al Mugni, 2/ 202 (Edición de Riyadh)

LA MUJER MUSULMANA

Ella puede asistir a las oraciones yamâ‘ah (comunitarias) en la mezquita El Islam ha excusado a las mujeres de la obligación de asistir a la oración de yamâ‘ah en la mezquita, pero al mismo tiempo se les permite ir a participar de la yamâ‘ah con la condición de que vistan correctamente para no causar ninguna tentación. En verdad, las primeras mujeres musulmanas salían a rezar en la mezquita detrás del Profeta .
Dijo ‘Â'ishah :

"El Mensajero de Allah solía rezar el fayr (oración de la madrugada) y las creyentes rezaban con él envueltas en sus vestiduras; luego ellas regresaban a sus hogares, y nadie las reconocía."[1] Y:

"Las creyentes solían participar de la oración del fayr con el Mensajero de Allah envueltas en sus vestiduras. Luego regresaban a sus hogares después de haber finalizado la oración, y nadie las reconocía por la oscuridad." [2]

El Profeta acostumbraba a acortar su plegaria si escuchaba llorar a un niño, porque comprendía la preocupación que estaría sintiendo la madre. En un Hadîz cuya autenticidad está comprobada, él dijo:

"Comencé la oración con la intención de hacerla prolongada, pero entonces escuché a un niño llorando, así que acorté mi oración, pues conocía el apremio que estaba padeciendo la madre debido al llanto." [3]
Allah demostró una gran misericordia hacia las mujeres, librándolas de celebrar las cinco oraciones obligatorias en congregación, en la mezquita. Si Allah hubiera determinado esto como obligatorio, hubiera colocado una carga intolerable sobre las mujeres, y no hubieran sido capaces de cumplirla. Así como vemos a muchos hombres faltando a la oración regularmente en la mezquita y no encontrando otra elección mas que orar dondequiera que se encuentren, ya sea en el lugar de trabajo o en el hogar. La pesada carga de las mujeres (los quehaceres domésticos y la atención a las necesidades de su marido y sus niños) no les permite abandonar la casa cinco veces al día; sería imposible para ellas hacer esto. De ese modo, se vuelve suficientemente palpable la sabiduría que hay detrás de limitar la asistencia obligatoria de las mujeres a la mezquita. Su oración en el hogar está descripta como mejor para ella que su oración en la mezquita, pero Allah le concedió la libertad de elección: ella puede rezar en el hogar si así lo desea, o puede ir a rezar a la mezquita. Si ella pide permiso a su esposo para salir hacia la mezquita, él no puede impedírselo, tal como el Profeta lo expresó en varios Ahâdîz, por ejemplo:

"No impidáis a vuestras mujeres ir a la mezquita, aunque sus hogares son preferibles para ellas." [4]

"Si vuestras esposas os piden permiso para ir a la mezquita, no se lo neguéis." [5]
Los hombres hicieron caso de la orden del Profeta , y permitieron a sus mujeres ir a la mezquita, aún cuando esto iba en contra de sus propios deseos. No hay indicación más exacta de esto que el Hadîz de ‘Abdullah Ibn ‘Umar en el cual manifiesta:

"Una de las esposas de ‘Umar acostumbraba a rezar el fayr y el ‘ishâ' en congregación, en la mezquita. En cierta ocasión le fue preguntado: '¿Por qué vas a la mezquita cuando sabes que a ‘Umar le desagrada y es un hombre celoso?' Dijo ella: '¿Qué es lo que lo detiene de prohibirme hacerlo?' Él respondió: 'Las palabras del Mensajero de Allah: "No impidáis a las siervas de Allah asistir a las mezquitas de Allah ."" [6]

En conformidad a las enseñanzas del Profeta que permitían a las mujeres asistir a la mezquita, y que prohibían a los hombres impedirles hacer tal cosa; las mezquitas estuvieron colmadas de mujeres, yendo y viniendo, tanto en los tiempos del Profeta , como en los sucesivos períodos donde fue posible. Las mujeres venían a la oración, asistían a los sermones y clases, y tomaban parte activa en la vida pública del Islam. Esta era la situación en la época que fue prescrita la oración comunitaria a los musulmanes. Los musulmanes solían rezar en dirección a Bait Al Maqdis (Jerusalén), antes que la Qiblah fuera cambiada por la Sagrada Ka‘bah. Cuando fue revelado el mandato de Allah de tomar a la Ka‘bah como Qiblah, los hombres y mujeres que estaban rezando en dirección a Palestina orientaron sus rostros en dirección a la Ka‘bah, lo cual significó que los hombres y las mujeres tuvieron que cambiar de lugar. [7]

La mezquita fue y continúa siendo el centro de luz y guía para los musulmanes; en este ambiente de pureza se realizan actos de culto y desde su minbar se trasmiten mensajes de veracidad y guía. Desde los albores del Islam, la mujer musulmana ha tenido un rol que jugar dentro de la mezquita.
Existen muchos relatos Sahîh, confirmatorios de la presencia y el rol de las mujeres dentro de la mezquita. Éstos describen cómo las creyentes participaban en el Salâh Al Yumu‘ah, la oración del eclipse, y las oraciones del ‘Îd, respondiendo al llamado del Mu'adhdhin para unirse a la oración.

Un registro de Sahih Muslim nos cuenta que 'Umm Hishâm Bint Hârizah Ibn An Nu‘mân dijo:

"No memoricé (la Sûrah) Qâf, Por el Glorioso Corán...', de otro que no fuese el propio Profeta , ya que él la recitaba desde el minbar todos los viernes, cuando impartía el sermón al pueblo." [8]

El Imâm Muslim también narró que la hermana de ‘Amrah Bint ‘Abd Ar Rahmân dijo:

"Yo aprendí (la Sûrah) 'Qâf, Por el Glorioso Corán...' del propio Profeta , cuando la recitaba todos los viernes desde el minbar." [9]
El Profeta enseñó a los musulmanes a prepararse a sí mismos, y a que se presentaran con un aspecto pulcro y limpio a las oraciones en yamâ‘ah (comunidad), fomentando tanto a hombres como mujeres a tomar un baño (gusl):

"Quien vaya a la yamâ‘ah, sea hombre o mujer, tiene que tomar un baño primero."[10]

Los relatos de Hadîz, también nos narran que Asmâ' Bint Abî Bakr asistió a la oración del eclipse (Salâh Al Kusûf) junto al Profeta . En cierto momento, ella no pudo escuchar las palabras del Profeta claramente, de modo que preguntó a un hombre que estaba cerca lo que él estaba diciendo. Este Hadîz está registrado por Al Bujâri bajo la autoridad de la propia Asmâ':


"El Mensajero de Allah se puso de pie para dirigirse a nosotros (después de la oración del eclipse), y nos habló acerca de la prueba a la que la persona será sometida en la tumba. Al mencionar esto, los musulmanes se alarmaron un tanto, y eso me impidió escuchar la última parte del discurso del Profeta. Cuando el bullicio cesó, le pregunté a un hombre que estaba próximo a mí: '¡Qué Allah te bendiga! ¿Qué fue lo que dijo el Mensajero de Allah al final de su discurso?' Él me dijo: 'Me ha sido revelado que seréis puestos a prueba en la tumba con algo similar en severidad a la prueba del Dayyâl. (Se refiere a la fitnah o sedición de la tumba)" [11]
Al Bujâri y Muslim también recopilaron otro relato de Asmâ', en el cual ella dice:

"Hubo un eclipse solar en tiempos del Profeta . Terminé lo que estaba haciendo, y luego fui hacia la mezquita y vi al Mensajero de Allah de pie (en posición de oración), de modo que me uní a él. Permaneció parado durante tan largo rato que sentí la necesidad de sentarme, no obstante, advertí la presencia de una mujer, quien lucia débil y cansada; así que me dije a mí misma: Esta mujer es más débil que yo, por lo tanto debo continuar de pie. Entonces él inclinó la cabeza permaneciendo en esa posición durante un largo tiempo; a continuación levantó su cabeza y permaneció de pie durante tan prolongado tiempo, que si alguien hubiese llegado en ese momento hubiera pensado que aún no se había inclinado en rukû‘. Él completó la oración cuando terminó el eclipse, luego se dirigió al pueblo alabando y glorificando a Allah primeramente."[12]
Durante esta época dorada del tiempo del Profeta , la mujer musulmana conocía acerca de su religión y estaba deseosa de comprender los eventos y asuntos que preocupaban a los musulmanes, tanto en este mundo como en el próximo. Cuando escuchaba el llamado a la oración, salía apresuradamente hacia la mezquita para oír las palabras del Profeta desde el minbar, guiando y enseñando a la gente. Fâtimah Bint Qais, una de las primeras mujeres emigrantes a Al Madînah, dijo:


"El pueblo era llamado a la oración, por eso salía deprisa junto a las otras hermanas para concurrir a la mezquita y orar con el Mensajero de Allah . Yo me ubicaba en la primera fila de las mujeres, la cual estaba justo detrás de la última de los hombres." [13]

Está claro en los Sahîh anteriormente citados, que las mujeres musulmanas asistían a la mezquita en distintas ocasiones y que esa asistencia era una costumbre ya aprobada en tiempos del Profeta . Cierta vez, una mujer fue atacada cuando iba en camino a la mezquita, sin embargo este incidente nada hizo para que el Profeta tuviera alguna reserva en impedir que las mujeres fueran a la mezquita. Él siguió permitiéndoles el libre acceso y prohibió a los hombres que se lo impidieran, debido al beneficio del tipo espiritual, mental y de otra índole, que hay para ellas al asistir a la mezquita de tiempo en tiempo.

Uâ'il Al Kindi relató que una mujer había sido asaltada por un hombre en la oscuridad de las primeras horas de la madrugada, mientras estaba en camino hacia la mezquita. Ella gritó pidiendo auxilio a un transeúnte. Este hombre se fue a pedir ayuda, y poco tiempo más tarde, un gran grupo de gente acudió a su llamado de auxilio. Entonces, ellos detuvieron al hombre que había pedido ayuda en primera instancia, mientras que su atacante huía. De esa manera, trajeron al inocente ante ella y éste le dijo: "Yo soy quien respondió a tú llamado de auxilio; el otro hombre escapó." Luego lo llevaron ante el Mensajero de Allah y le dijeron que él había asaltado a la mujer y lo habían reducido mientras se estaba escapando." Dijo el hombre. "Yo fui el primero que respondió a su pedido de auxilio en contra de su atacante, pero esta gente me capturó y me trajo aquí. La mujer dijo: "Está mintiendo, él fue quien me atacó." El Mensajero de Allah entonces dijo: 'Llevadlo afuera y apedreadlo.' En ese momento, un hombre se levantó y dijo: 'No lo apedreéis, apedreadme a mí, ya que soy yo quien lo hizo.' Ahora el Mensajero de Allah tenía a tres personas ante él: quien había asaltado a la mujer, quien la había socorrido y la propia mujer. Entonces le dijo al atacante: "En cuanto a ti, Allah te ha perdonado." Luego se dirigió a quien había ayudado a la mujer y le habló con palabras cordiales. ‘Umar dijo posteriormente: "Apedread a quien ha admitido el crimen de adulterio." El Mensajero de Allah entonces dijo: "No, él ya se ha arrepentido ante Allah - Yo pienso que - con un acto de arrepentimiento tan grande que si el pueblo de Al Madînah se arrepintiera de esa forma sería aceptado de ellos."[14]

El Profeta apreciaba las condiciones de las mujeres que asistían a las oraciones comunitarias, por tal razón solía ser benévolo con ellas acortando la plegaria si escuchaba el llanto de un niño, a fin de que la madre no se angustiara - como lo hemos visto en un Hadîz citado anteriormente. Cierta vez retrasó la oración del ‘ishâ', y ‘Umar le llamó diciendo:

"Las mujeres y los niños ya se han ido a dormir." El Profeta salió a la luz y dijo: 'Nadie sobre esta tierra está esperando por esta oración, excepto tú." [15]

Varios de los Sahîh describen cómo acostumbraba a organizar el Profeta la concurrencia de las mujeres a las oraciones comunitarias, por ejemplo: el Hadîz recopilado por Muslim.

"Las mejores filas para los hombres son aquellas situadas adelante y las peores son las de atrás; las mejores filas para las mujeres en cambio, son las de atrás, y las peores son las de adelante". [16]

Otro Hadîz registrado por Al Bujâri aborda el tema de dar espacio a las mujeres para abandonar la mezquita antes que los hombres, después de finalizada la oración. Hind Bint Al Hâriz mencionó que Umm Salamah, la esposa del Profeta , le dijo que en la época del Profeta , las mujeres se levantaban para irse cuando finalizaban las oraciones obligatorias, mientras que el Mensajero de Allah y los hombres que estaban junto a él esperaban hasta que fuera la voluntad de Allah . Cuando el Mensajero de Allah se levantaba para marcharse, entonces los otros hombres recién lo hacían.[17]

Al Bujâri y Muslim, también registraron un Hadîz relativo a cómo deben llamar la atención del Imâm por medio del aplauso las creyentes, para corregirle algo durante la oración. Dijo Sahl Ibn Sa‘d As Sâ‘idi:

"El Mensajero de Allah dijo: '¿Por qué os veo aplaudir tanto?' Quien se percate de algún error en mi oración debe decir: "Subhânallah", y al hacer esto me alertaréis del error. El aplaudir es solamente para las mujeres." [18]

El número de musulmanas que asistía a la mezquita se incrementaba diariamente, hasta que en la época de los Abasíes, llegaron a colmar la explanada de la mezquita, y los hombres no tenían otra elección que orar detrás de ellas. Este fue el veredicto (Fatua) del Imâm Mâlik, tal como fue registrado en Al Mudauuanah Al Kubra: Dijo Ibn Al Qâsim: Pregunté a Mâlik sobre la gente que va a la mezquita y encuentra el patio (de la mezquita) lleno de mujeres, y la propia mezquita llena de hombres ¿pueden aquellos hombres rezar con el Imâm detrás de las mujeres? Mâlik respondió: "Su oración es válida, ellos no necesitan repetirla"[19]

Pero la salida de las mujeres hacia la mezquita no debe ser motivo de conflictos (fitnah). Y las creyentes se deben comportar con arreglo a las enseñanzas islámicas de pureza de pensamiento y comportamiento. Si por alguna razón, existiera el temor de fitnah asociado con la salida de las mujeres hacia la mezquita, entonces es conveniente para ellas orar en el hogar, y deben acatarlo. Esto es lo que está indicado en el Hadîz de Ibn ‘Umar citado anteriormente, en el cual el Profeta dijo:
"No impidáis a vuestras mujeres asistir a la mezquita, aunque sus hogares son preferibles para ellas."

Pareciera que algunos hombres temen la posibilidad de fitnah, y toman esto como excusa para prohibir a sus mujeres ir a la mezquita. Esto se debe a que el Profeta prohibió a los hombres impedir a las mujeres la asistencia a la mezquita de vez en cuando. Esto es lo que fue indicado en la primera parte del Hadîz arriba citado. Otro Hadîz confirma la agudeza del Profeta para con las mujeres que asisten a reuniones en la mezquita, por ejemplo el registro de Muyâhid Ibn ‘Umar: Dijo El Profeta :

"No impidáis a las mujeres asistir a la mezquita de noche." Uno de los hijos de ‘Abdullah Ibn ‘Umar dijo: 'Nosotros no las dejaremos salir afuera, porque provocan la desviación y la sospecha.' Ibn ‘Umar le reprendió y le dijo: 'Os dije que el Mensajero de Allah mencionó tales y cuales cosas y dijisteis: '¡No, nosotros no las dejaremos ir!' "[20]

Bilâl Ibn ‘Abdullah Ibn ‘Umar relató de su padre que el Profeta dijo lo siguiente:

"No neguéis a las mujeres su parte de la mezquita, si ellas piden vuestro permiso." Dijo Bilâl: '¡Por Allah , ciertamente que se lo impediremos (de ir a la mezquita)! ‘Abdullah (su padre) le dijo: "Te dije que el Mensajero de Allah dijo tales y cuales cosas, y tú dices: '¡Ciertamente que se lo impediremos!" [21]

El Profeta dijo:

"No impidáis a vuestras mujeres la asistencia a la mezquita, si ellas buscan vuestro permiso para hacerlo." [22]

"No impidáis a las siervas de Allah asistir a las mezquitas de Allah."[23]

"Si vuestras mujeres (ya sea de vuestra familia, tribu o sociedad) procuran vuestro permiso para ir a la mezquita, entonces dejadlas hacer eso."[24]

Les está permitido a las creyentes participar de las reuniones de los musulmanes en la mezquita, ya que hay tanto provecho por sacar de éstas; no obstante, se aplican ciertas condiciones a este permiso, la más importante de las cuales es que la mujer que vaya a la mezquita no deberá utilizar perfume o maquillaje alguno. Zainab Az Zaqafiiah narró que el Mensajero de Allah dijo:
"Si alguna de vosotras desea concurrir a la oración del ‘ishâ', no deberá usar perfume esa noche."[25]

Otros numerosos Ahâdîz también prohíben a las creyentes el uso del perfume cuando se dirigen hacia la mezquita, por ejemplo el siguiente: "Si alguna de vosotras fuera hacia la mezquita, no deberá usar perfume."[26]
"Cualquier mujer que se haya perfumado con incienso, no deberá asistir a las oraciones del ‘ishâ' con nosotros."[27]



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[1] Fath Al Bâri', 1/482, Bâb fi kam tusalli al mar'ah fi az ziâb.

[2] (Al Bujâri y Muslim) Ver Sharh As Sunnah, 2/195, Kitâb as salâh, Bâb ta‘yîl salâh al fayr.

[3] (Al Bujâri y Muslim) Ver Sharh As Sunnah, 3/410, Kitâb as salâh, Bâb at tajfîf li amrin iahduz.

[4] Abû Dâûd, 1/221, Kitâb as salâh, Bâb ma yâ'a fi jurûy an nisâ' ila al masyid; Ahmad, 2/76. Es un Hasan li gairihi.

[5] Fath Al Bâri', 2/351, Kitâb al adhân, Bâb isti'dhân al mar'ah zauyuha bi al jurûy ila al masyid; Sahîh Muslim, 4/161, Kitâb as salâh, Bâb jurûy an nisâ' ila al masâyid.

[6] Fath Al Bâri', 2/382, Kitâb al yumu‘ah, bâb al idhn li an nisâ' bi al jurûy ila al masâyid.

[7] Ver Fath Al Bâri', comentario sobre el Sahîh Al Bujâri, 1/506, Kitâb as salâh, Bâb ma yâ'a fi al qiblah; Sahîh Muslim, 5/10, Kitâb as salâh, Bâb tahuîl al qiblah min al quds ila al ka‘bah.

[8] Sahîh Muslim, 6/162, Kitâb al yumu‘ah, Bâb tahiiah al masyid ua al imâm iajtub.

[9] Sahîh Muslim, 6/160, Kitâb al yumu‘ah, Bâb jutbah al hâyah

[10] Este Hadîz narrado por ‘Abdullah Ibn ‘Umar, está registrado por Abû ‘Auânah, Ibn Juzaimah e Ibn Hibbân en sus Sahîh; ver también Fath Al Bâri', 2/357, Kitâb al yumu‘ah, Bâb fadl al gusl iaum al yumu‘ah.

[11] Ver Fath Al Bâri', 3/236, 237, Kitâb al yanâ'iz, Bâb ma yâ'a fi ‘adhâb al qabr.

[12] Ver Fath Al Bâri', 2/529, Kitâb al kusûf, Bâb as sadaqah fi al kusûf; Sahîh Muslim, 6/212, Kitâb al kusûf, Bâb ma ‘urida ‘ala an nabi fi as salâh al kusûf min al yannah ua an nâr.

[13] Ver Sahîh Muslim,18/84, Kitâb al fitan ua ashrât as sâ‘ah, Bâb qâdiiah al yassâsah.

[14] Relatado por Ahmad, ver Silsilah Al Ahâdîz As Sahîhah, nº 900, 2/601.

[15] Ver Fath Al Bâri', 2/347, Kitâb al adhân, bâb jurûy an nisâ' ila al masâyid, Sahîh Muslim, 5/137, Kitâb al masâyid, bâb uaqt al ‘ishâ' ua ta'jîriha.

[16] Sahîh Muslim, 4/159, Kitâb as salâh, bâb tasuiiah as sufûf ua iqâmatiha.

[17] (Al Bujâri y Muslim) Ver Sharh As Sunnah, 3/373, Kitâb as salâh, bâb at tasbîh idha nâbahu shai'un fi as salâh.

[18] (Al Bujâri y Muslim) Ver Sharh As Sunnah, 3/273, Kitâb as salâh, bâb at tasbîh idha nâbahu shai'un fi as salâh.

[19] Al Mudauuanah, 1/106.

[20] Ver Sahîh Muslim, 4/161, 162, Kitâb as salâh, bâb jurûy an nisâ' ila al masâyid.

[21] Idem, 4/162, 163.

[22] Idem, 4/161.

[23] Fath Al Bâri', 2/382, Kitâb al yumu‘ah, bâb al idhn li an nisâ' bi al jurûy ila al masâyid; Sahîh Muslim, 4/161, Kitâb as salâh, bâb jurûy an nisâ' ila al masâyid.

[24] Sahîh Muslim, 4/161, Kitâb as salâh, bâb jurûy an nisâ' ila al masâyid.

[25] Idem, 4/163

[26] Idem, 4/163

[27] Idem, 4/163

LA MUJER MUSULMANA

Reza regularmente cinco veces al día
La mujer musulmana ofrece cada una de las cinco oraciones diarias en su apropiado tiempo, y no permite que sus quehaceres domésticos o sus deberes como esposa y madre le impidan llevarlas a cabo. La oración es el pilar de la religión, quien establezca la oración establece la fe también, y quien descuida la oración destruye la fe.[1] La oración es el mejor y más noble de los actos, tal como el Profeta lo explicó en el Hadîz narrado por ‘Abdullah Ibn Mas‘ûd :
“Pregunté al Mensajero de Allah: ‘¿Cuál es la acción más amada por Allah ? Él contestó: Celebrar cada oración en su debido tiempo. Luego le pregunté: ¿Y luego cuál? Él dijo: “Tratar a vuestros padres con misericordia y respeto.” Y luego de ese acto ¿cuál? Él dijo: El yihâd (la lucha) por la causa de Allah .”[2]
La oración es el vínculo entre el siervo y su Señor. Es la rica fuente de la cual una persona deriva su fuerza, constancia, misericordia y satisfacción; y es un medio para borrar las manchas de sus pecados. Abû Hurairah narró lo siguiente:
“Escuché al Mensajero de Allah decir: ‘¿Qué pensaríais si hubiera un río corriendo cerca de la puerta de vuestros hogares, y os bañais en él cinco veces al día, habría algún rastro de suciedad en vosotros?' Y la gente respondió: 'No, no habría ningún rastro de suciedad o impureza en nosotros. El Profeta dijo entonces: Esto es como las cinco oraciones diarias, a través de las cuales Allah borra los pecados.”[3] (Sharh As Sunnah 2/175)
Yâbir relató que el Mensajero de Allah dijo:

“Las cinco oraciones diarias son como un río profundo que fluye por la puerta de vuestros hogares, y en el cual os bañáis cinco veces todos los días.”[4]

La oración es una gracia que Allah ha concedido a Sus siervos; ellos buscan su sombra cinco veces al día y adoran a su Señor, glorificándolo, pidiendo por Su ayuda y procurando Su misericordia, guía y perdón. Por lo tanto, la oración, se convierte en un medio de purificación para quienes oran, sean éstos hombres o mujeres, limpiándose de todos sus pecados.

‘Uzmân Ibn ‘Affân relató:

“Oí al Mensajero de Allah decir: ‘No hay ningún musulmán, que, cuando llegue el momento de la oración, no realice el udû' (ablución) debidamente, concentrado en su oración, y se incline correctamente, sin que su oración sea una expiación por los pecados cometidos previamente, siempre que no haya cometido uno grave. Esta es la condición hasta el fin de los tiempos.” [5] (Sahîh Muslim 3/112)

Existen muchos Ahâdîz que hablan de la importancia del salâh y las bendiciones que trae a los hombres y mujeres que hacen la oración, y el precioso fruto de beneficios que ellos y ellas cosecharán de tal modo, cada vez que estén frente a Allah en una actitud de humildad y arrepentimiento.

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[1] Ver Ihiâ' ‘Ulûm Ad Dîn, 1/147.

[2] Ver Sharh As Sunnah del Imâm Al Bagaui, 2/176 (Kitâb as salâh, Bâb fadl as salauât al jams); editado por Al Maktab Al Islâmi.

[3] Ver Kitâb as salâh, Bâb fadl as salauât al jams.

[4] Ver Sahîh Muslim bi Sharh An Nauaui, Kitâb al masâyid, bâb fadl as salâh al maktûbah fi yamâ‘ah, 5/170, editado por la Oficina Central de Investigación Académica, Iftâ' y Da‘uah de Arabia Saudita.


[5] Kitâb at tahârah, Bâb fadl al udû' ua as salâh ‘aqibahu.

Ella adora a Allah

No constituye sorpresa alguna que la auténtica creyente musulmana adore a su Señor con fervor, porque sabe que está obligada a observar todos los mandatos que Allah ha ordenado a todo musulmán, sea éste hombre o mujer. Por tal motivo, ella lleva a cabo sus deberes islámicos de forma adecuada, sin aducir excusas o compromisos, y sin ser negligente.

La mujer musulmana y su Rabb (Señor)

La creyente es una persona prudente

Una de las características distintivas más sobresalientes de la mujer musulmana es su profunda fe en Allah y su sincera convicción de que cualquier cosa que suceda en este universo, y cualquiera sea el destino acaecido sobre los seres humanos, solamente es el resultado de la voluntad y el decreto de Allah, y que éste no hubiera podido ser evitado. El ser humano no tiene más elección en esta vida que esforzarse por seguir el camino recto y realizar buenas acciones -actos de adoración y otros- por medio de los cuales, una persona puede colocar toda su confianza en Allah , someterse a Su voluntad, y creer que siempre necesitará del auxilio y el apoyo de Allah.

La historia de Hâyar brinda el más maravilloso ejemplo a la mujer musulmana de profunda fe en Allah y sincera confianza en Él. Abraham (u) dejó a Hâyar en la Ka‘bah en Makkah, cerca de lo que es hoy el manantial de agua de Zamzam, en una época en que no estaba habitada, ni existía tal fuente de agua en el lugar. Hâyar no tenía a nadie consigo, salvo su pequeño hijo Ismael. Ella preguntó entonces a Abraham serenamente y sin ningún rastro de pánico en su rostro: “¿Ha sido Allah quien te ordenó realizar esto, ¡Oh Abraham!? A lo que Abraham replicó: “Sí”. Entonces fue cuando surgió una frase que reflejó su aceptación y optimismo: “Entonces Él no nos va a abandonar.” (Narrado por Al Bujâri en Kitâb Al Anbiiâ'[1])

Aquí nos encontramos frente a una situación extremadamente difícil. Un hombre deja a su esposa y a su pequeño hijo en una tierra árida, donde no hay plantas ni agua, ni tampoco poblados cercanos. Abraham regresa a la distante tierra de Palestina, no dejando nada con ella, excepto un saco de dátiles y un pellejo de cuero lleno de agua. Si no fuera por la profunda fe y confianza en Allah que embargó el corazón de Hâyar, ella no habría sido capaz de enfrentar semejante situación difícil. Ella quizás hubiera decaído inmediatamente, y no hubiera llegado a ser la mujer cuyo nombre será siempre recordado día y noche por aquellos que llevan a cabo el Hayy y la 'Umrah a la casa de Allah , cada vez que beben del agua pura de Zamzam, y corren entre las colinas de Safa y Maruah, tal como lo hizo Hâyar en ese día de prueba sumamente crucial.

Esta profunda fe y conciencia tuvo un sorprendente efecto en la vida de los hombres y mujeres musulmanas: despertó sus conciencias y les recordó que Allah atestigua y conoce todos los secretos. Y que Él está con Sus criaturas, dondequiera que éstas se encuentren. Nada nos brinda más clara idea de esta conciencia y temor a Allah en todos los tiempos que la historia de la joven musulmana narrada en Sifah As Safuah y en Uafiiât Al A‘iân y citada por Ibn Al Yauzi en su libro Ahkâm An Nisâ'. (Pág. 441-112):

“Narró 'Abdullah Ibn Zaid Ibn Aslam de su padre, y éste de su abuelo, quien dijo: ‘Cuando estaba acompañando a ‘Umar Ibn Al Jattâb durante su patrulla nocturna por Al Madînah, de pronto él se sintió cansado así que se apoyo contra un muro. Era plena medianoche, cuando escuchamos a una mujer decir a su hija: "¡Oh, hija mía levántate y mezcla esta leche con algo de agua!" Dijo la muchacha: "¡Oh, madre! ¿Acaso hoy no escuchaste el decreto del jefe de los creyentes (Amîr Al Mu'minîn)? La madre preguntó: "¿De qué se trata?" La muchacha respondió: "Él ordenó a alguien que anuncie en voz alta que la leche no debe ser mezclada con agua." La madre dijo entonces: "Levántate y ve a mezclar la leche con agua, pues tú estás en un lugar donde ‘Umar no puede ver lo que haces." La muchacha respondió a su madre: "No puedo obedecer a Allah en público y desobedecerlo en privado." ‘Umar , al escuchar estas palabras me dijo: "¡Oh, Aslam! Ve a aquel lugar y averigua quién es esa joven, a quién estaba hablando, y si ella tiene un marido. Así, fui al lugar y vi que ella no estaba casada, y la otra mujer era su propia madre, y tampoco tenía esposo. Volví hasta ‘Umar de nuevo y le conté lo que había descubierto. Luego convocó a todos sus hijos y les dijo: "¿Alguno de vosotros quiere que yo le consiga una esposa? Si yo tuviera deseo de casarme sería el primero en contraer matrimonio con esta jovencita." Entonces ‘Abdullah dijo: "Yo tengo esposa." Luego ‘Abd Ar Rahmân dijo: "Yo tengo esposa." Y finalmente ‘Âsim dijo: "Yo no tengo esposa, así que dejadme desposarla." De este modo ‘Umar hizo arreglos para que la jovencita se casara con ‘Âsim. Ella le dio una hija, quien más tarde fue la madre de ‘Umar Ibn ‘Abd Al ‘Azîz."

Este es el profundo sentido de piedad que el Islam había implementado en el corazón de esta joven mujer. Ella era honrada y recta en todos sus asuntos, sean éstos públicos o privados, porque creía con convicción que Allah estaba con ella todo el tiempo, observando y escuchando todo lo que hacia. Ésta es la verdadera fe, y éstos son los resultados de esa fe que la elevaron al nivel del ihsân. Una de las recompensas inmediatas con la cual Allah la agració fue ese matrimonio bendito, uno de cuyos descendientes fue el quinto Jalîfah bien guiado: 'Umar Ibn ‘Abd Al ‘Azîz .

La ‘Aqîdah (fe) de la verdadera musulmana es pura, clara, y libre de cualquier estigma de ignorancia, ilusión o superstición. Esta ‘Aqîdah está basada en la fe en Allah , El Único, El Más Elevado, El Eterno, Quien es capaz de ejecutar todas las cosas, Quien tiene el control sobre el universo entero, y a Quien todas las cosas deben retornar:

[Pregúntales: ¿Quién tiene en Sus manos la soberanía de todas las cosas, y puede amparar a quien Él quiere y nadie puede protegerse de Su castigo [si así lo decreta], si lo sabéis? Sin duda que dirán: Allah. Diles: ¿Cómo entonces desvariáis [y os apartáis de la verdad]?] (23:88-89)

Ésta es la pureza y profunda fe que acrecienta el temperamento de la mujer musulmana en fuerza, entendimiento y madurez; para que ella perciba la vida tal como realmente es: un lugar de examen cuyos resultados serán percibidos el Día que indudablemente llegará.

[Diles [¡Oh, Muhammad!]: Allah es Quien os da la vida, la muerte, y luego el Día indubitable de la Resurrección os congregará [para juzgaros]. Pero la mayoría de los hombres lo ignoran.] (45:26)

[¿Acaso creíais que os creamos sin ningún fin, y que no ibais a comparecer ante Nosotros?] (23:115)

[Bendito sea Aquél en Cuyas manos está el reino, y tiene poder sobre todas las cosas. Él es Quien creó la muerte y la vida para probaros y distinguir quién de vosotros obra mejor. Él es Poderoso, Absolvedor.] (67:1-2)

Ese Día el hombre será compelido a dar testimonio de sus actos. Si éstos fueron buenos, será bueno para él, pero si éstos fueron malos, será malo para él también. No habrá la más mínima injusticia:
[Hoy cada alma será juzgada por lo que haya realizado [en la vida mundanal]. Hoy no se cometerá injusticia alguna. En verdad, Allah es rápido en ajustar las cuentas.] (40:17)

La balanza (en la cual serán pesadas las acciones del hombre) medirá todo con la máxima precisión, ya sea a favor o en contra de la persona.

[Quien haya realizado una obra de bien, por pequeña que fuere, verá su recompensa. Y quien haya realizado una mala obra, por pequeña que fuere, verá su castigo.] (99:7-8)
Nada podrá ser ocultado al Señor de la Gloria en ese día, ni aunque fuere tan insignificante como un grano de semilla de mostaza.

[Y dispondremos la balanza de la justicia [para juzgar a los hombres] el Día del Juicio, y nadie será oprimido. Y todas las obras, aunque sean tan pequeñas como el peso de un grano de mostaza, serán tenidas en cuenta. Ciertamente somos suficientes para ajustar las cuentas.] (21:47)
hay duda alguna de que cuando la verdadera musulmana examine el significado de estas aleyas reflexionará sobre aquel Día crucial. Y se volverá hacia su Señor en obediencia, arrepentimiento y gratitud, buscando realizar tantos actos honrados como fuera capaz de hacer, preparándose así para la vida en el más allá.

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[1] Bâb Iaziffûn. Ver Ibn Hayar, Fath Al Bâri'. Sharh Sahîh Al Bujâri, editado por Dâr Al Ma‘rifah, vol. 6, p. 396.